La mirada propia



x Andrea Lobos

Dicen que el hombre vivió como quiso. No tenía teléfono, tampoco tenía televisión. En varias ocasiones intercambió sus fotos por discos o cámaras fotográficas. Así era Josef Sudek, el fotógrafo checo que creía que “la gracia de todas las cosas está en su misterio”.

Misteriosas y mágicas, así son las fotos de Sudek que componen la exhibición organizada por el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco y la Galería de Moravia en Brno. Forman parte de esta muestra sesenta y un fotografías que pertenecen a las series “Las ventanas de mi estudio, “Recuerdos”, “Laberintos”, además de naturalezas muertas, retratos y fotografías publicitarias.

La vida de Sudek es tan poco convencio- nal como su obra. Ejerció el oficio de encuader- nador hasta 1917, año en el que fue enviado a la guerra. Regresó al año siguiente con su brazo derecho amputado, ya no podía seguir trabajando en su oficio, entonces se dedicó a la fotografía.

Su obra no se inscribe en ninguna corriente estética en particular, Sudek trabajó impulsado por sus propias preocupaciones artísticas y técnicas. En la década del `20 instaló su estudio en la ciudad de Praga y se dedicó a la realización de retratos de celebridades. Para la misma época incursionó en la fotografía publicitaria. El cuidado de la armonía espacial es una de las características más interesante de estas fotografías. Los objetos parecen adquirir vida propia en esos espacios donde la luz es una protagonista esencial.

A partir de la década del ’40 Sudek decidió no hacer más ampliacio- nes de sus fotos. Comenzó a utilizar viejas cámaras de madera y grandes formatos de negativos, llegando hasta el tamaño de 10 x 30 cm. Trabajó con una cámara Kodak del siglo XIX que le permitió sacar fotos de 10 x 30 cm.

A esta etapa pertenece la serie “Las ventanas de mi estudio”, que coincide con la ocupación nazi de Praga. Sudek no fotografió el exterior desde un interior, por el contrario, creó una nueva realidad sobre el vidrio. Las gotas de rocío, la lluvia, la primavera, el otoño aparecen retratadas sobre esa superficie de un modo mágico. Al mismo tiempo, en esas imágenes tan íntimas está contenido el poder de una mirada que lucha por recobrar algo de ese afuera, y al no poder hacerlo se lanza a crearlo. Sudek fotografió las ventanas de su estudio hasta 1954.

Después de la segunda guerra mundial comenzó a trabajar con natu- ralezas muertas que arma- ba en el interior de su estudio. “Muchas veces se inspiró en obras que fueron pintadas en la época previa al descubrimiento de la fotografía, como si hubiera querido probar la veracidad visual de ellas o la mirada de sus predecesores a través del medio fotográfico. Las naturalezas muertas fueron un laboratorio para Sudek” dice Antonín Dufek, curador de la muestra.

Luego vendrán las fotografías de bosques, de árboles, de la Praga nocturna y del jardín de su casa. En estas imágenes Sudek nos devuelve al misterio de esos cuentos de hadas y bosques, donde los paisajes que se narran están envueltos en un clima de ensueño, en el que realidad y ficción se funden e intercambian.

Su obra estuvo atravesada por una preocupación: el límite entre lo visible y lo invisible. Sudek decía que “el sol bien puede no estar”, para indicar que la visibilidad de un objeto o de un paisaje no dependía tanto de una gran iluminación como de la mirada atenta del fotógrafo. Con poca luz un objeto podía convertirse en otro, creando un nuevo espacio y un nuevo tiempo.

Sudek murió en 1976, tenía ochenta años, fue un creador que no dudó en inventar una mirada propia y asumir riesgos. Sus imágenes son el testimonio de ello.


Josef Sudek, fotografías
Colecciones de la Galería de Moravia en Brno
en el Museo Fernandez Blanco(Suipacha 1422)
Curadores:
Jorge Cometti / Leila Makarius / Antonín Dufek
del 8 de octubre al 7 de diciembre
martes a viernes de 14 a 19
sábados y domingos 12 a 19
Entrada General: $1 - Jueves Gratis